FLIPA CON EL FILIPINO

Para los que luego dicen que no vale para nada ver la tele, aquí les cuento una historia increíble de como la creatividad empresarial campa a sus anchas por el mundo, no entendiendo de colores ni banderas, ni de masters en Harvard, capaz de fustigar al chuleta de turno, en este caso arrogante yanqui, allá donde se encuentre. Para todos aquellos que piensan que hay negocios en los que no se puede hacer nada por mejorar, y ya de paso para los que piensan que aquí atamos los perros con longanizas y que por ahí la gente viste aún con taparrabos.

Me encontraba dando su merecido a un buen taco de chorizo con queso para alegrarme la tarde (paso imprescindible para preparar el cuerpo y la mente antes de un ejercicio de creatividad estratégica), cuando en el canal Viajar aparece un yanqui en chanclas recorriendo la selva filipina. En una de estas el susodicho entra con su chulería característica en uno de los cientos de restaurantes de carretera que cruzan la isla, y un amable filipino le saluda sonriente y le invita a conocer su negocio.

El restaurante está especializado en el pescado fresco con arroz, hasta aquí todo normal, o todo lo normal que para un occidental puede ser comerse una carpa o un pez gato.

Intrigado el yanqui ante la frescura del pescado, accede el buen filipino a enseñarle los secretos de su negocio, y aquí viene lo alucinante. En la parte trasera del restaurante, el buen señor cultivaba pequeños campos de arroz ecológico, exento de fertilizantes, herbicidas e insecticidas, pues en cada estanque de arroz había introducido pequeñas carpas que se alimentan de los caracoles, cangrejos e insectos que acuden a atacar al arroz, manteniendo el mismo limpio de algas y abonando de paso el terreno con sus deposiciones. Es decir, por el mismo precio, el artista obtenía arroz ecológico, sin gastar ni un duro en productos químicos, y pescado fresco alimentado de forma gratuita, lo que viene siendo un dos por uno.

El yanqui permanece absorto ante la explicación del pequeño filipino sonriente, pero no ha acabado aquí la cosa. Animado por el éxito de su primera línea de negocio, la arroz-ciprinícola, había montado el restaurante, para servir platos con el producto obtenido y por si fuera poco acababa de lanzar una nueva línea de negocio, la cría de peces gato, en  gran parte alimentados por los despojos de comida del restaurante y que para más inri podían ser pescados directamente con caña por los clientes para ser cocinados a continuación, ahorrándose de esta manera la pesca de los mismos y ofreciendo una experiencia añadida a sus clientes.

El yanqui debe de estar todavía alucinando ante semejante lección de inteligencia empresarial y ya de paso de humildad. Debo confesarles que yo también quedé alucinado por el valiente filipino, pero contento a la vez por semejante ejemplo extremo de creatividad, que me lleva, con más fuerza que nunca a recomendarles lo siguiente:

TENGA FE en que siempre hay MEJORA posible.

INVIERTAN EN TALENTO Y CREATIVIDAD, quedarán igual de alucinados que nuestro amigo yanqui.

VIAJEN CON CURIOSIDAD EXTREMA, ya ven que hay maravillas de las que aprender en los sitios más insospechados.

Aquí tienen tres consejos que les darán una ventaja competitiva respecto a su competencia. Salgan de la oficina, busquen un sitio agradable, sírvanse un café o un gin-tonic y denle vuelta a su negocio. Que disfruten del viaje.

 

Jorge Burgaleta Sánchez

Curioseando por el mundo

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